viernes, junio 26, 2009

sublimaciones y risas


Viendo “Still Walking”, una madre le dice a su hijo que está de visita en la casa familiar algo así, según mi recuerdo de los subtítulos que alguien tradujo del japones:

“Ve un poco la televisión. Hemos puesto parabólica. Se pueden ver más canales. Pero ahora no hay nada divertido, se ríen cada vez más fuerte aunque no hay nada divertido...

En "Still Walking" no hacen nada fuerte, no gritan, no se abrazan, apenas se tocan...


Y volviendo al mundo real? me he enterado de que Color –Vive de Loreal para cabello con mechas con Sistema Reflector de Luz con Nutri-Filtro UV hace muchas cosas y todas buenas al cabello. Entre ellas sublima el color, dice su publicidad.

Llevo tanto tiempo sin sublimar nada que estoy por comprármelo. Y también unas mechas. No sé qué dirá mi madre.

lunes, junio 22, 2009

Una tarde en Lavapies












Una tarde en Lavapies... Unos gaiteros junto al teatro Valle-Inclán, Trilce, la calor, Javier Ruibal, Manel, las chicas que mejor se lo pasaron en el concierto de Manel y Corcobado...

jueves, mayo 28, 2009

En preferente
















A veces, cuando no hay billete en turista, viajo en preferente. Te ponen vermú y arco iris.

martes, mayo 26, 2009

Pequeñas cosas que son grandes II: Por qué eligieron a Gaudí para construir la Sagrada Familia

Josep Pla, en su libro “Grandes tipos”, hablando de Gaudí , se pregunta cómo en una Barcelona mojigata y pequeño burguesa, un mundo mediocre, pronto los josefinos, iniciadores del proyecto de la Sagrada Familia, eligieron, tras un arquitecto vulgar, Villar, a Gaudí. En una revista que publicaban los josefinos, “el Propagador de la devoción a san José”, se encuentra, según Pla, una de las concentraciones de inanidad, de frases hechas y de de vulgaridad apologética más vastas e importantes que se hayan producido en este país. Y fue en ese mundo en el que Gaudí pudo hacer con la Sagrada Familia lo que se proponía hacer.”

¿La explicación? Josep Pijoan le contaba a Pla lo siguiente: Por aquel entonces se dijo en Barcelona que un familiar de Bocabella había tenido la inspiración divina de que el arquitecto del templo en proyecto tendria los ojos azules. Cuando los dirigentes de la Asociación se colocaron ante Gaudí, que tenía los ojos azules, Bocabella dijo: “Este joven será el arquitecto de la Sagrada Familia”.

Así que no deberían indignarse los actores cuando no los cogen para un papel por su físico. Al mismísimo Gaudí lo cogieron por sus ojos azules.

jueves, mayo 14, 2009

Susan Boyle y la belleza


¿Habría tenido este éxito la virginal Susan Boyle de ser guapa? No lo sabemos, lo que es seguro es que ya no sería tan virginal.

Sí, puede resultar emotivo ver a Susan Boyle cantar bien cuando todo el mundo esperaba que hiciera el ridículo. Dicen que Demi Moore lloró al verla cantar. A mí me pasó lo mismo al ver a Demi Moore en “Streaptease” . Guionazo.

Nos gustan estas historias que remiten al patito feo que como todo el mundo sabe resultó ser un cisne…pero… ¿son el resto de concursantes patos y Susan Boyle un cisne? ¿Cómo sería un mundo de cisnes a lo Susan Boyle? ¿Al final no es el cisne sino un animal de cuello largo que vive en charcas y se alimenta de pan seco suministrado por ancianas?

Creo que nos gustan estas historias de revelación, de superación, de encontrar la belleza en la diferencia porque pensamos que algún día llegará nuestra redención y alguien descubrirá lo guapos o buenos que somos… ¿En qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? Ah, si lo supiéramos no estaríamos aquí escribiendo tontadas. (¿por qué escribo en plural? Será porque es mayo).

Realmente la belleza no está en la diferencia porque todos los guapos son muy iguales y se parecen en algo: son guapos. Esto de la diferencia es una chorrada que nos inventamos los del montón para irnos consolando porque lo que sucede al final no es que la belleza esté en la diferencia sino que la diferencia está en la belleza.

(esta última frase no tengo muy claro qué significa pero me gusta por aquello de la simetría. Es una de esas frases tajantes que se colocan para terminar algo y si después de decirlas te vas muy serio mirando el techo parece que hasta tienen enjundia y tú eres un tío listo). En fin, siempre nos quedarán aquellos versos del Señor Chinarro: “pudo ser un amor del montón pero todo el montón era mío…

jueves, abril 30, 2009

Pequeñas cosas que son grandes I: por qué Hitler perdió la guerra

Hay unas cuantas explicaciones sobre porqué Alemania perdió la II Guerra Mundial. Que si el frente de Rusia, que si la entrada de EEUU en la guerra. Pero no, Hitler perdió la guerra por culpa de Salvador Dali. Así lo explica Dalí en “Diarios de un genio”:

“Los periódicos y la radio anuncian con gran estrépito que hoy es el aniversario del final de la guerra en Europa.

Al levantarme esta mañana al toque de las seis horas, se me ha infiltrado en la cabeza, aún no sé cómo, que probablemente había sido Dalí quien había ganado la última guerra. Esta sospecha me embelesa. Yo no conocía personalmente a Adolfo, pero, teóricamente, pude haberle encontrado a solas en dos ocasiones antes del Congreso de Nuremberg. En la vigilia de este congreso, mi íntimo amigo lord Berners me pidió que firmara mi libro “La conquista de lo irracional” para ofrecerlo personalmente a Hitler... En el momento de firmar el ejemplar que me presentaba Lord Bernes, fui presa de una curiosa perplejidad y, recordando a los payeses analfabetos que acudían al despacho de mi padre y firmaban con una cruz me limité a mi vez a poner una cruz. Tuve el convencimiento, al hacerlo (como, por otra parte, respecto a todo lo que hago), que aquello iba a tener mucha importancia, pero nunca jamás hubiera creído que fuera precisamente este signo el que provocara la sublime catástrofe hitleriana. En efecto, Dalí, especialista en cruces (el más grande que jamás haya existido), había logrado con dos rasgos tranquilos expresar gráfica, magistral, y diría todavía mejor, mágicamente y de una manera concentrada, la quintaesencia de lo opuesto absoluto a la esvástica, la cruz dinámica, nietzscheana, gamada, hitleriana.

Había dibujado una cruz estoica, la más estoica, la más velazqueña y antiesvástica de todas las cruces, la cruz española de la serenidad dionisíaca. Adolfo Hitler, que debía poseer sin duda apasionadas antenas de magia, repletas de horóscopos, debió seguramente quedar aterrado durante largo rato de mi augurio, hasta que se produjo su muerte en el bunker de Berlín."

pd: aunque suelo escribir tontadas de mi invención en este blog todo lo de arriba es invención de Dalí.

lunes, abril 27, 2009

Poetas callejeros

Cuando vivía por Malasaña había un poeta callejero que iba de bar en bar intentando vender sus poemas. Por ahora es algo que no han intentado los ensayistas. Congratulémonos.

No tenía gran visión del negocio editorial, se iba a fotocopiar sus versos al workcenter de San Bernardo, de lejos las fotocopias más caras de todo el barrio. Dormidina trabajó allí unos meses y cuando podía le hacía las fotocopias gratis. Era alcohólico y hace tiempo que no lo vemos por las calles. También estaba otro artista del barrio que publicaba una revista literaria en la que casi sólo escribía él, Curro Sevilla. Dejó la revista porque no era viable y se pasó a vender dibujos. Por ahí sigue, seguro que si habéis estado más de dos horas en un bar de Malasaña os habrá dejado sus dibujos de toreros sobre la mesa. Hablaba mal del poeta alcohólico, decía que había heredado una casa y tenía una paga y en cambio él no tenía nada. Los poetas también pueden ser terrenales en sus celos.


Desaparecen unos poetas callejeros, llegan otros. El otro día un chico en una terraza de Argumosa dejó este poema.

Los informáticos son más felices

Míralos, sí, míralos, con sus trajes frescos las mañanas
tan formales pero esas revistas de colores,
y esos ojos cansados de los que han navegado mucho
y lo han visto casi todo
pero no sufren la melancolía
de los que lo han visto casi todo.

Si mac o pc les queda lejos y pequeño
ellos hablan de otras cosas
que ni tú ni yo entendemos
pero respetamos como se respetan las liturgias
en idiomas extranjeros

Aunque si un día los necesitas
si necesitas cosas sencillas
también podrán configurar tu moden
formatearte el disco duro
y hablarte como a un niño
para que sientas que entiendes
aunque todos sepamos que es imposible
que no entiendes casi nada
salvo que es posible
habitar en la mentira
de que pasa lo que no pasa.

Lo demás es palabrería e impotencia.

En la arquitectura exacta del sistema
siempre tendrán un hueco los informáticos.
Y en los suplementos de empleo
siempre habrá un anuncio que los busca.
Mientras, tú buscas quien te busque
y ya lo sé, no encuentras nada.

Y en su lenguaje escueto
hecho de unos y ceros
podrán decirte tantas cosas
ellos, los informáticos,
que aún se hará más grande
todo lo que no te dije nunca.

Y no me hace sentir superior
la apología de la tristeza
que cerca de mí te espera.
Ya vamos sabiendo que
las poses no son programables
y también que las lágrimas
son computables

Sí, ya te lo digo,
no seas tonta,
serás feliz con ellos.

Por eso corre,
busca la felicidad de los informáticos
antes de que sea demasiado tarde.

Jorge Andrade

domingo, abril 19, 2009

De espias y 3. (o cómo un vago termina un ¿cuento?)

Los dos perseguíamos a Paco Córdoba y los dos saldríamos ganando si lo encontrábamos así que decidimos colaborar aunque sólo fuera por el momento.

-¿Qué hacemos?
-Yo buscaré a Paco Córdoba por aquí y tú búscalo por allá- le dije, haciendo gala de mi espíritu organizador.
-Vale- contestó

Y me fui corriendo hacia aquí, sin tener muy claro dónde estaba eso.

Entonces apareció él. Lo conocía bien de aquella época juvenil en la que tenía ínfulas literarias. Después, cuando descubrí lo que significaba “ínfulas” dejé de tenerlas con lo que mi carrera de escritor se acabó. Pero aún me acordaba de aquel hombre, Vladímir Yákovlevich Propp (San Petersburgo, 29 de abril del 1895, Leningrado 22 de agosto de 1970) un erudito ruso que como todo el mundo sabe hizo un análisis estructural de la morfología de los cuentos donde parte del corpus para llegar, cómo no, a la clasificación.
Le iba a recordar que según la wikipedia llevaba treinta y ocho años muerto porque no me parece bien que los muertos sigan por ahí salvo en el caso de Camilo Sexto. Si ya está imposible el metro en hora punta para que vuelvan también estos. Pero decidí callarme. Son tan susceptibles los rusos y tienen tanto gas ruso. Pero Vladimir Yakovlevich Propp no se calló, sino que vino hacia mí indignado.
-¿Qué está haciendo? ¿No ve que esta historia se está alargando demasiado? ¿Que no va a ningún sitio?
-Pero si acabo de empezar Vladimir Yakovlevich Propp. Aún estoy investigando. Estamos persiguiendo a Paco Córdoba.
-Paco Córdoba, Paco Córdoba – dijo imitándome- ¿Sabe acaso lo que dijo Cortazar?
-Pues.... dijo tantas cosas.
-Que la novela se gana por asaltos pero el cuento se gana por K.O.
Nunca me ha gustado ejercer la violencia contra ancianos rusos pero yo quería escribir un buen cuento así que le di un derechazo en toda la mandíbula. Vladimir Yakovlevich Propp cayó al suelo pero mi golpe no fue todo lo fuerte que yo quería porque al momento se incorporó.
-No ha sido K.O. Le clausuro el cuento.
-Pero Vladimir Yakovlevich... Déjeme que le pegue otra vez. No sea tan ortodoso
-Se escribe con x.
-Vale, se lo escribo como quiera pero...
-Ni peros ni hostias. Clausurado. Otra vez escriba algo mejor.
Y me cerró el cuento.

lunes, febrero 02, 2009

De espias 2

Mi clienta pareció sorprendida al verme allí. ¿Quería que aquel imbécil me despistara? ¿Pensaba reunirse con él a mis espaldas? ¿Iba en serio el cartel de “prohibido fumar”? Me acerqué a su mesa para poder escuchar lo que se decían pero mi clienta me hizo unos gestos poco disimulados para que me alejara. No sé cómo querría luego que le hiciera un buen informe de lo que estaba hablando con ese hombre si no podía escucharlos.

Me fui a la barra y me pedí un coñá. Luego otro para simular que era el típico borrachillo del bar. Unos metros más allá se sentaba un tipo de unos cincuenta, pelo canoso, jersey lacoste verde pistacho y zapatos náuticos que tanto gustan a los pijos de secano. Observaba con cierto disimulo a mi clienta y a su acompañante pero estaba claro, los observaba. ¿Estaría siguiendo a alguno de los dos? ¿Debería alertar a mi clienta si algo así pasaba o mejor me dedicaba a lo mío? Decidí esperar a que salieran para ver qué hacía él. Para disimular pensé que lo mejor era entablar conversación con el camarero. Abrí el periódico y decidí hablar del tema: “la crisis”.

-Jóder, mucha crisis mucha crisis pero aquí dice que las mujeres venga a comprar pintalabios como locas. Es que hay que ver como son las jodias, ¿no?
El camarero no entró al trapo. Decidí atacar por el lado del fútbol.
-El Madrid este año nada de nada… Menuda panda de nenazas.
Tampoco. Me quedaba recurrir al tema eterno. El sexo Cogí el As y miré la contraportada.
-Jóder, qué rubiaca han puesto los del As hoy, ¿eh? Menuda delantera. Ya la querría el Madrid para sí… ¿eh?

El camarero me miró cabreado y retiró mi tercera copa de coñá pese a que aún me quedaba el último trago, el mejor. Entonces, al acercarse, me fijé bien. Un leve rastro de carmín se veía en sus labios y algo cercano a unas tetas se intuía bajo la camisa blanca de camarero. No, no era camarero, era una camarera, poco femenina pero camarera. Decidí no seguir entablando conversación con nadie por el momento.

Al poco mi clienta y mi perseguido se levantaron. Era el momento de ver si el otro seguía a alguien. Pero él decidió comprobar si yo hacía algo parecido porque mientras ellos salían se quedó clavado en la barra, nervioso, mirándome de reojo, a la espera de lo que yo hiciera. Y yo me quedé a la espera de lo que él hiciera y por lo tanto los dos hacíamos lo mismo, esperar, mientras mi perseguido se alejaba y yo iba a perder su rastro. Terminamos por mirarnos a la cara, fijamente, como si estuviéramos celebrando un duelo de paciencia. Las cartas estaban sobre la mesa, él también estaba espiando. ¿Qué hacer? Si perdía a mi investigado tal vez no encontraría su rastro hasta la noche y a mí me habían contratado para hacer espionaje, no contraespionaje. El contraespionaje tiene un plus de un euro la hora. Así que antes de que fuera demasiado tarde salí corriendo tras mi perseguido. Él otro salió tras de mí. Y la camarera tras los dos porque con la tensión del momento se nos había olvidado pagar. Yo no conseguía ver a mi perseguido y encima la camarera estaba cada vez más cerca. Y además le dio por gritar eso de al ladrón. Yo lo grité también para disimular y seguí a un tipo con mallas que corría dirección Plaza España y que por fortuna llevaba cascos y no me oía. La gente nos miraba intentando ver quién había robado a quién. Al doblar una esquina me metí en un callejón. El otro me siguió. Y vimos pasar a la camarera corriendo. Nos la habíamos quitado de encima. Y allí, jadeante, cara a cara, tenía al otro. Me fui a por él y lo agarré de la pechera.
-¿Tú a quién persigues?- le grité.
-Tranquilo, tranquilo, que somos colegas, ¿no? Vamos a llevarnos bien. Yo persigo a Paco Córdoba. ¿Y tú?
-Coño. Yo también.

lunes, enero 26, 2009

Una de espías

Llevaba cinco meses con mi despacho abierto pese a lo cual no había entrado nadie salvo yo, la señora de la limpieza y un tipo que pretendía venderme las obras completas de J.L Benítez, de Caballo de Troya I a Caballo de Troya XXXII, más los apéndices y el Silmarilion.

Pero el éxito es de los pacientes, aunque mi casero no lo comprenda. Así que cuando aquella señora elegante en todo salvo en sus calcetines, su bolso tous, sus pendientes, su pañuelo de Loewe, el amarillo de sus dientes, sus arrugas muy marcadas y el falso rubio de su pelo llegó con un encargo de verdad acepté contento. La señora me mostró la foto de un hombre: quería que lo siguiera día y noche, mañana y tarde. Lo que viene a ser todo el día, vamos.

-¿No tiene alguna foto que no sea de espaldas?
-Intentaré conseguírsela. – me dijo- ¿Le gusta el corte de su abrigo?
-Sí, bonito es por lo que se puede ver. ¿Quién es? ¿Su marido?
-No, mi compañero de partido.
-Ya... pero, ¿son amantes?
-No, sólo compañeros de partido. ¿Le parece poco?
-No, cualquier motivo es bueno si después paga su minuta. De hecho tendría que pagar algo por adelantado. Como unos cien dólares.
-Querrá decir euros, ¿no?
-Eh... sí, eso, sí.

A la mañana siguiente comencé el espionaje. A primera hora me gané la confianza del portero de su edificio a cambio de abrillantar la barandilla de la escalera. Le saqué información muy jugosa, como que él era de Soria y los tiempos de ahora no son como los de antes. A las ocho y media de la mañana mi objetivo salió de su casa: era de esos pervertidos a los que les gusta llegar al trabajo a su hora.

Lo seguí hasta la sede del gobierno. Intenté entrar con la excusa de que era muy fan del Consejero de Urbanismo y Asfaltado. No me dejaron pasar.

A las dos salió a comer con unos compañeros. Entre tras ellos en el restaurante. Me dieron una mesa muy lejana a la suya así que la corrí ligeramente para acercarme. Al maitre no le pareció buena idea lo de una mesa en medio del pasillo así que regresé a los orígenes. Tras mirar la carta decidí pedir un vaso de agua. Del grifo. El sitio era escandalosamente caro y lo único gratis que tenían para mí era invitarme a salir a la calle. Y lo hicieron. Esperé allí apoyado en una farola que conseguí tras una larga batalla dialéctica con una puta, que pretendía que la farola era suya. Qué dados al tópico son las gentes de los oficios antiguos.


Tras salir de comer regresó a su puesto de trabajo. A las seis salió y se metió en el metro. Se le veía con miedo, como si fuera la primera vez que se aventuraba en aquel lugar. Tras sacar un billete se acercó a los tornos. Parecía que nunca se había enfrentado a uno y se quedó a unos metros, como asustado. Miró cómo lo hacía la gente y por fin se atrevió a meter su billete y pasar. Cogió la línea uno, después hizo trasbordo en Bilbao a la cuatro, luego la dos... Estaba claro que estaba tomando medidas para que no lo siguieran pero iba tan perdido, pasaba tanto tiempo intentando desentrañar los planos, que se movía muy despacio y lo podría haber seguido hasta un disléxico de cincuenta años con asma. O sea, yo. Por fin, tras casi una hora de metro salió en Santo Domingo y se metió en una cafetería Nebraska de Gran Vía. En una mesa lo esperaba la señora que me había contratado.


Continuará.

jueves, diciembre 04, 2008

La mujer que paseaba con los pájaros


Algunas mañanas me levanto antes que mi sueño y salgo a correr por el Retiro. Fue en una de esas mañanas cuando me la encontré, acompañada por un perro que tal vez fue casi blanco hace años. A ella le faltaban pocos para ser casi vieja. El perro ya lo era.

Al pasar a su lado vi que en un gesto furtivo tiraba arena al suelo. Seguí corriendo, en el Retiro uno ve cosas como estas y otras cosas:
-Veo a acordeonistas del Este que por las mañanas, cuando el sol comienza a calentar, tocan “Stranger in the night”.
-Veo africanos que hacen como que no venden hachís y a policías que hacen como si no lo supieran.
-Veo piragüistas en el centro de Madrid.
-Veo a una chica que pasea a un gato atado y a un chaval que boxea contra el aire.
-Veo a un tipo que tal vez hace tai-chi o tal vez está loco.
-Veo a otro que con unos prismáticos acecha a las parejas. Veo a las parejas entre los setos.
Cosas como estas veo.

Esa mañana vi a una señora que tiraba arena al suelo y seguí corriendo. Recordé a Tim Robbins en “Cadena Perpetua”, cuando iba tirando al patio de la prisión la arena del túnel que cavaba a escondidas, como se suelen cavar los túneles en las prisiones, tú bien lo sabes.

Di una vuelta más por el Retiro y me paré a estirar. Cuando estiras te apoyas en un árbol y parece como si quisieras derribarlo. Sí, puede quedar ridículo un tipo en mallas empujando árboles. También son ridículos esos botecitos que das cuando camino del parque te detiene un semáforo. Pero tienes que dejar claro que eres un corredor parado, no alguien que anda en mallas por la vida. Correr de adulto siempre tiene un algo humorístico.

Y mientras estiraba la vi de nuevo. No, no era arena lo que llevaba en sus bolsillos porque cada vez que arrojaba el contenido de su puño una bandada de gorriones y unas cuantas palomas caían voraces sobre el suelo, como una manta cae tras sacudirla. Una manta en movimiento que la seguía por todo el parque, una manta de plumas tras ella, la mujer que paseaba con los pájaros. Dejé de estirar y observé embobado el espectáculo. Ella, su perro y los pájaros. Al perro lo ataba la cadena, a los pájaros el hambre. Se alejaron y miré el cronómetro. Tenía que regresar al piso y ducharme si no quería llegar tarde al trabajo. Y bajé hacia la cuesta de Moyano dejando atrás el parque que olía a hierba fresca y a mañana. Y entonces me sentí de pronto un poco pájaro, un pájaro que corría tras su alpiste diario.

miércoles, noviembre 19, 2008

De curso. Día 2

Hoy segundo día de encuentros con la joven narrativa española. Pablo García Casado. Algunas frases: “el poema es una obra de selección y óptica”. “La ausencia de retórica ya es una retórica”. “A Nabokov no le quites una coma.” “Los adjetivos son como esos exámenes tipo test: los que no suman restan”.

Una maestra infantil le contaba que a los niños de dos años sólo les interesa lo que está a un metro y medio a su alrededor. Como a algunos poetas, contaba. Según Juan Bonilla la poesía es el arte del yo-yo. Por eso García Casado crea voces, algo parecido a heterónimos, para contar el mundo sin contar su vida.

Un buen poema que leímos esta tarde, cómo hablar de amor y detergente en los mismos versos


DIXÁN

por qué se secará tan lenta la ropa por qué persisten
las manchas de grasa de fruta y de tus labios
si dixán borra las manchas de una vez por todas

por qué la aspereza de las prendas la sequedad de su tacto
si pienso en tus manos en tu modo de mirarme de decirme
que por culpa del amor habrá que lavar las sábanas de nuevo

preguntas tristes tristes como todos los anuncios de detergente
y es que no encuentro mejor suavizante que tus manos
en esos bares supermercados desnudos de la noche

martes, noviembre 18, 2008

De curso. Día 1

A veces hago cursos. En mi trayectoria ha habido de todo. Unos zapatos de claqué recuerdan el más curioso y fugaz pero suelen ser cursos de literatura. Alguno de guión en el pasado. Mi profesora más honesta fue Lola Salvador, que en un curso de guión nos dijo que menos cursos y más escribir. Todavía no le he hecho caso.

Ahora asisto a una especie de encuentros con la nueva narrativa española. A mí me gusta encontrarme con las nuevas narrativas. Hoy nos encontramos con un escritor que escribe tan bien como frío y ha traducido a uno de los escritores que más me han gustado en los últimos años. No pude evitar preguntarle si lo había conocido. No.

También descubrí que hay gente que va a estos cursos de nueva narrativa sin saber quién es, por ejemplo, Belén Gopegui. Se supone que había una selección previa pero eso no quiere decir que hubiera unos criterios de selección.

Este escritor tiene unos dogmas que cumple a rajatabla: narración lineal, no escribir metáforas, siempre en presente. Yo no tengo dogmas. Tengo que hacerme con unos antes de que termine la semana.

Esta tarde me he enterado, por ejemplo, de que a este escritor una revista le rechazó un cuento sobre un obispo practicando sexo anal con una langosta (olvidé preguntar quien ponía el ano).

Continuará, mañana sigo encontrándome con la nueva narrativa.

jueves, noviembre 13, 2008

Otoño


Llega el otoño y vamos buscando el sol por los rincones del frío mientras nos escondemos entre abrigos y cafeterías. En una del que es ahora mi barrio, Lavapies, las abuelas recuerdan el pasado, que es su forma de alimentar el presente. El bar es humo, café con leche, olor a fritanga, el chino de la tragaperras y soy yo también el bar esta mañana.

Recuerda una abuela que a su madre, en cuanto nació, la apuntaron a la “mutua el ocaso” para que tuviera un entierro barato. Y que cada mes o cada tanto se pasaban a cobrar la cuota de ese bebé cuya muerte no sería un gran gasto. Pero ahora, con la crisis, dicen las ancianas que morirse es caro y salen cifras a la mesa. Por fin una señala que con esos precios ella va a dejar lo de morirse para otro año.

Y mientras me pongo algo lírico leo en el periódico que hay un señor que se llama Trinitario y se dedica a las acciones y los dineros. Y al oír estos nombres me resulta inevitable pensar en momentos como este:

-La señora de Trinitario: ¿Trini, te has tomado la viagra? Que esta noche me apetece.

viernes, octubre 03, 2008

He escrito un poema

Hace muchos años que no escribo un poema, para alegría del arte poético, si ese arte puede experimentar alegrías. Uno de los últimos fue en el instituto, para un concurso escolar. Por aquella época apenas leía poesía, pero en este país no leer no le ha impedido nunca a nadie ponerse a escribir, y no escuchar no es óbice (qué palabra) para no parar de hablar. De hecho ayuda.

Convocaron en el instituto uno de esos concursos de prosa y verso, primer premio 5.000 pesetas. Cinco mil pesetas era más de lo que se ganaba en un día de vendimia, porque por entonces el dinero se medía en días de vendimia y el amor en cuánto tiempo compartías asientos en el autobús que nos llevaba al instituto.

Y perpetré un poema en el que imaginaba que la madre de alguien se había muerto y ese alguien quería parar el mundo, el tiempo. Auden había hecho algo parecido, pero bien hecho, aunque yo por entonces no sabía quién era Auden y ahora tampoco lo tengo muy claro.

Con mi Olivetti lettera y mucho tipex escribí mi poema y me fui a la conserjería del instituto a fotocopiarlo. Allí reinaba Arcas, el conserje, con su chaqueta con galones de comandante en fotocopias. Él no estaba en el jurado, que yo supiera, pero cuando le di mi poema y le pedí tres copias comenzó a leerlo. Y yo, error, me quedé a escucharlo.
Mi poema principiaba así:

“¡Para mundo tu curso
para ya tu transcurrir…”

Y “para” era del verbo parar… Un imperativo… Pero Arcas leía mis “para” como adverbios. El poema era malo, pero leído por Arcas era peor… He escrito cosas vergonzantes y algunas se han emitido, pero creo que nunca experimentaré más vergüenza que la que sentí oyendo a Arcas destrozar mi poema ya roto. Arcas no entendía el poema y yo no entendía a Arcas. Intenté explicárselo, (el poema) pero el cuerpo de conserjes y los adverbios por entonces no se llevaban bien. Con buen criterio no me premiaron y no volví a escribir poesía en muchos años.

Pero el otro día estaba trabajando con un ordenador con windows y como trabajar no trabajaba mucho saltó el salvapantallas. Lo que veía se llamaba “danza de los círculos misteriosos”. Me puse a ver todos los salvapantallas de windows y a leer sus nombres. Estaba claro que había un cachondo tras ellos. Y también un poema. Lo he escrito, aquí está. Es malo, pero uno se debe a su trayectoria. Lo he llamado: “Bill, Gates, ¿por qué nos haces esto?

“Bill, Gates, ¿por qué nos haces esto?


¿Qué fue de la esfera brillante
qué de la danza de los círculos misteriosos?
¿Dónde están mis pantuflas con las que observaba
la perspectiva de estrella nevada
de tus dientes de león?

Y cuando estoy en el baño
Sentado sobre la espiral profunda
Pensando, leyendo, y entonces termino y provoco
la turbulencia en verde
y llega la calma relativa
pero no, mejor darle un poco
al spray onírico
que igual viene visita
por el túnel del tiempo
de la caleidovisión
o en metro, nunca se sabe no,
con las visitas los domingos.

Y entonces llega la expiración arácnida
(que se ha muerto el octópodo, vamos)
Y la intermitencia tenue (nuestra relación)
Que habita en la nación electrostática (la casa de tu madre, querida)
Que va del fuego tenue (esos ducados ya no se los fuma nadie)
A tu filo ocular… (qué manera de mirar, ¿es para tanto?….)

Y entonces te enfadas y el torbellino sepia en que te sumerges
Me lleva a la llama, a la fuente, al spyro que termina en punta
Y en ameba y en loto, si es que algo puede terminar así.
Y damos la vuelta al mundo
Por las carreteras de neón
Y yo me pregunto, ¿terminarás ya de mirar escaparates?

Y sí, creo que tendría que dejar los porros,
Pero me puede más
la vida en fresa, la nebulosa química,
La Turbulencia en verde (llámala maría)
De las cosas, de las equis, de las barras
Del ritmo de la ondulación musical.
Batidora de arcoiris
Equis.
Equis
Equis

Matriz de gemas que no son sino
Tus lágrimas, cristales de hielo,

¡Ay, Microsoft, Microsoft!
Bill, dime, ¿tú por qué nos haces esto?

jueves, octubre 02, 2008

días en los que sólo pasa casi nada

Ayer el señor mendigo que pide junto a la taquilla del cine del Círculo me dijo que me había tocado irme de delantero centro al Eibar. Era así. A mí me pareció buen destino, no sé qué pensarán los directivos del Eibar. A él también le había tocado jugar, pero en otro equipo vasco cuyo nombre no recuerdo. Es una pena, no jugaremos juntos. Hoy, bajando por San Bernardo, vi que en un restaurante chino tienen un plato que se llama “Hormiga sube a la montaña”. O baja. No recuerdo ya... Hay días en los que no pasa mucho más y aún así no están mal.

viernes, septiembre 19, 2008

Perdiendo barcos en Grecia





Llevo ya casi una semana por Grecia, país del que hasta ahora me sabía sus columnas, dórica, jónica y corintia y algún que otro dato similar.

Llegué a Atenas en metro. Debo parecer un poco griego con las gafas de sol porque ya allí me preguntaron algo en ese idioma. El problema es que he aprendido a decir con muy buen acento “no entiendo griego” (Den millao helenika), por lo que tras decirlo siguen sin creerme. Entonces digo el “dont understand” de toda la vida.

Atenas es húmeda y cálida, como de dos camisetas al día y está repleta de coches, motos y grandes perros que se aposentan en lugares en los que no les dejarían aposentarse en cualquier otro lugar del mundo. Puedes ver perros en lo que viene a ser la calle Preciados de Atenas, tumbados a la puerta de un Zara. Hasta el que es algo así como el Palace de Atenas tiene su perrazo en la puerta, este sí, con collar y todo. Sólo para las olimpiadas del 2004 los recogieron unos días, los lavaron, esterilizaron y los soltaron de nuevo.

Muchos de los motoristas no llevan casco, no sé si porque no es obligatorio o porque la policía pasa. Y otros lo llevan, pero no sobre la cabeza sino encima del depósito y así conducen, lo que tiene su mérito.

He estado en varios museos y he comprobado que todas aquellas obras que nos mostraban en historia del arte existen de verdad. También que cuando llevas más de una hora viendo “cosas bellas” comienzas a no ver ningunas. (esto que sirva de consuelo para quien busca novi@ muy guap@ y no lo encuentra). En las notas del museo de algunas estatuas, a los jóvenes amantes de los tiranos les llaman “los favoritos” y a las prostitutas “hetairas”. Todo queda mucho más fino.

Mi primera noche en Atenas terminé cenando en una calle que me recordó a esas de Huertas donde les ponen paellas a los turistas a las seis de la tarde y en las que siempre pienso qué coño hacen ahí comiendo eso a esas horas y pagando semejantes precios. Tal vez lo mismo que pensaría un griego al verme con mi musaka cenando a las ocho y media.

Atenas tiene una plaza que se llama Sintagma, en la que está el Parlamento. Nunca pensé que una plaza se podría llamar así pero seguro que ellos saben lo que se hacen. Y frente al parlamento hay un monumento al soldado desconocido. (¿Para cuándo un monumento al funcionario ausente?) Junto al monumento hacen guardia dos soldados con un traje pintoresco de origen albanés. Según mi guía los guardias visten “fustanela”, una falda corta plisada, y calzan unos zuecos con bordones llamados tsaruchia. Lo del traje fue idea de un rey que se llamaba Otón. Otón I. No hubo más otones y a Otón primero lo echaron, no sé si por el traje, la fustanela o los pompones.En cualquier caso a mí todo lo de Otón me suena a un señor más pendiente de comprarse la última revista Burda o la Elle que de llevar las riendas de Grecia.

Junto a los dos soldados con falda plisada y pompones había un tercer soldado, este vestido de camuflaje, que por cierto, entre el hormigón no camufla nada. Su misión era que los turistas no se propasaran con los soldados con pompones, ya que estos deben permanecer totalmente quietos durante una hora, hasta que les toca cambio de guardia. Lo de la quietud parece muy importante para la patria. Y conseguir que los soldados se muevan debe ser muy importante para algunos turistas, lo que teniendo en cuenta que los soldados llevan sendos rifles me parece muy imprudente. Pondré fotos de esto último. En Madrid tenemos ahora también un cambio de guardia los miércoles, para alegría de turistas y patriotas.

Tras dos días en Atenas me fui a coger un barco hacia Paros, una de las islas cicladas. Hasta ahora había perdido trenes, autobuses y casi perdido aviones pero nunca un barco. Perder un barco es más doloroso porque aunque llegues cinco minutos tarde puedes verlo alejarse, lentamente, sabiendo que no va a volver a por ti y que tú debías estar ahí y debías salir antes de tu hostal y debías hacer tantas cosas que no haces...


En la isla, aparte de leer, escribir algo y perrear como hace tiempo no perreaba (entendiendo por perreo el perreo manchego, no el reguetoniano) voy a un curso de yoga que da una chica holandesa. Los alumnos son variopintos, digamos, y muy majos. Una periodista norteamericana de origen irlandés, una irlandesa también de origen irlandés, una periodista holandesa, dos holandesas más que nunca se vienen a cenar y de las que el otro día dijeron “they are togheter” y ayer comprendí qué querían decir, una señora holandesa que trabaja en un banco y sabe griego, francés e inglés, y siempre lleva los calcetines totalmente a juego con las camisetas, una señora inglesa que hace treinta años se fue a un kibuz a Israel, se hizo judía y allí sigue, Richard, un escritor de libros médicos inglés, una chica griega y yo, que soy de Albacete. Pese a lo que pensaba antes de llegar aquí, no me he encontrado con integristas del yoga. Vamos, que les gusta el vino, y todas las noches regresamos a nuestras habitaciones medio tocados. No entiendo parte de lo que le dicen y contesto que sí a casi todo y sonrío, por lo que voy descubriendo que me he metido en todo tipo de planes sin haberlo sabido.

El domingo salgo para Santorini. Continuaré informando. O no, depende.

lunes, septiembre 01, 2008

Cazando famosos que no conocía nadie

El otro día me acerqué a uno de esos estrenos de cine madrileños para ver pasar a mi paisano José Luis Cuerda, que estrenaba “Los girasoles ciegos”. Y después escribí esta tontada que sigue...
Para un estreno en el centro de Madrid se necesitan un cine, unas vallas, unos tipos robustos y unos focos. A veces una alfombra roja, pero eso es secundario. El jueves, por ejemplo, en el estreno de “Los girasoles ciegos”, la última película del director albaceteño José Luis Cuerda, la alfombra roja no llegaba a la calle. Si la había dentro este cronista lo ignora porque carecía de algo necesario para asistir a un estreno: la entrada. Así que este fue un estreno visto desde las vallas, como lo vio la gente de Madrid y algún que otro turista que al calor de los focos se acercaba.

Pero realmente el estreno se hace tanto como para los que consiguen entrar en el cine como para los que se quedan fuera. Los focos no son para iluminar el camino a las estrellas sino para atraer a los curiosos que junto a las vallas se arremolinan. Un estreno necesita masas y las masas necesitan famosos. Se quiere reunir a mucha gente pero a la vez hacerles sentir que molestan. Para eso las vallas, para eso los chicos cachas de riguroso traje negro que vigilan la entrada y apartan diligentes a quien se acerca demasiado. Un estreno de cine es de los pocos eventos que consigue reunir a los adictos al gimnasio con la cultura.

El jueves el estreno de “Los girasoles ciegos” no consiguió atraer a mucha gente, tal vez porque es agosto y la ciudad anda todavía como despistada. Aún así había unos cuantos adolescentes y no tan adolescentes pegados a la valla, teléfonos móviles y cámaras en ristre a la caza del famoso, que es un deporte muy practicado en la capital.

Y comenzaron a pasar los famosos entre las vallas. Llegó un chico guapetón, bien vestido, como de domingo en un pueblo. Las masas se miraban con duda. ¿Es famoso? Hasta que alguien soltó una pregunta que era una contradicción en sí misma.
-¡Eh, tú, ¿eres famoso?
El chico miró triste y siguió su camino. Hay preguntas que no se contestan. Pero por si acaso, nunca se sabe, hubo quien le sacó la foto.

No llegaban Javier Cámara, ni Maribel Verdú, ni José Luis Cuerda, pero la gente se entretenía con famosos que no lo eran tanto porque casi nadie se sabía sus nombres. Pasaron por allí “la de Periodistas”, “el de Aída”, “la de la película esa”. En la misma puerta del cine esas chicas bellas de los programas de televisión que siempre intentan hacer preguntas inteligentes, esperaban a los actores. Y en eso llegó Pepiño. Blanco. Pepiño Blanco. Y la gente se sabía su nombre. Pepiño sonrió, saludó y desapareció tras la puerta y de pronto llegó el jefe de los porteros (es siempre el más cachas) y les habló enérgico a los otros. Se acercaban los protagonistas de la noche y había que despejar aquello. No fue posible ver si llegaron en limousine o en taxi pero allí estaban. Primero Javier Cámara. La gente le gritaba, porque a los famosos, aparte de hacerles fotos, se les grita. Entonces el famoso te mira y se le hace la foto. Todo está relacionado. Después llegó Maribel Verdú y por último un señor rechoncho con barba, ojos algo saltones, pelo largo y blanco.

Los cazafamosos se miraron intrigados.
-¿Y ese quién es?
-¿Es famoso?
-Creo que no, no me suena.
Y bajaron las cámaras. Entre las vallas, hacia el estreno de su última película, caminaba José Luis Cuerda.

lunes, agosto 04, 2008

Un artículo veraniego

Hace un año, en las páginas extras de verano de “el País” escribieron varios humoristas. Casi ninguno conseguía nada parecido a una sonrisa, salvo Javier Cansado. En este artículo, que recuerda a Millás cuando se pone a jugar con las palabras, te salen más de una y de dos sonrisas. Ahí va para mis dos o tres lectores, por aquello de compartir lo bueno y porque estoy vago como para escribir yo algo.


APERTURA DE ARCHIVOS SECRETOS

La reciente apertura de los archivos secretos de la Real Academia Española nos ha deparado una serie de sorpresas inimaginables. Una serie de documentos contenidos en estos archivos echa por tierra partes de la gramática que actualmente damos por correcta. Nos enteramos por estas fuentes de que en realidad sólo se deben acentuar las palabras agudas acabadas en vocal y que aquello de acentuar las acabadas en consonante, "n" o "s", es simplemente ¡una broma! Una broma que se les fue de las manos a un grupo de académicos. Trataban de tomar el pelo a un nuevo académico, sillón "s" minúscula, y aquí estamos todos acentuando sillón y camión... que se ve claramente que no hace falta acentuar (alguien daría crédito a cámion o camíon). Algo también muy curioso es que expresiones tan utilizadas como "un soplo de aire fresco" o "un camino ya transitado" en realidad se deberían decir "un soplo ya transitado" y "un camino de aire fresco".


Aunque lo más llamativo de estos nuevos datos es que una serie de palabras usadas habitualmente no existen. ¡No existen!

Por ejemplo, sorprende que "epistemológico" no exista. Una palabra con tantísima enjundia, no en vano empezó a utilizarse en ámbitos académicos y que, desde luego, cumple todos los requisitos para que así sea: esdrújula, polisílaba y aromas griegos. Epistemológico empezó con la ilusión de dar mayor empaque a una tesis académica en la Facultad de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, saltó seguidamente a la charla habitual de ciertos profesores universitarios y, por fin y sin solución de continuidad (expresión que, contra todo pronóstico, sí existe), a un uso abusivo y fuera de contexto. Por tanto, debemos olvidarnos de frases como: "Aquí epistemológicamente no se puede fumar", "las películas de Almodóvar adolecen de epistemología" o "Terelu en El show de Flo resultaba epistemológica".

¿Y "taxonomización"? Pues no, tampoco existe. Se tiene constancia de que la primera vez que comenzó a utilizarse, erróneamente insisto, fue en el claustro de Filología Inglesa de la Universidad Pompeu y Fabra de Barcelona. Andaban clasificando los autores preshakespearianos (palabra en estudio) y uno dijo: "¿Y si en vez de clasificar, taxonomizamos?". La palabra hizo fortuna y de ahí a su uso y abuso cotidiano hay un paso. Debemos por tanto desechar expresiones como: "Pásame la sal taxonomizada, por favor", "Ésta es la mejor taxonomía del Real Madrid de fútbol" o "Terelu en El show de Flo utilizaba una cierta taxonomización".

¡Qué poco ha durado "inextricable"! Esta palabra empezó con mal pie. Su comienzo resultó forzado. Pasaron casi tres meses desde su primera aparición pública, en la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de la Universidad Politécnica de Madrid en marzo de 1981, hasta la siguiente utilización en el suplemento de Ciencia de este diario. Tres meses son muchos meses. Y aunque casi cumple la tríada, sólo le falta la esdrujulariedad, ya que es polisílaba y vagamente griega, cualquiera con dos dedos o más de frente enseguida intuye que inextricable realmente es una tapadera. Una palabra que en el centro lleva una "xtr" canta un montón. Es decir, sólo busca la confusión, entretener al lector o interlocutor y hacerle perder un tiempo precioso. Preparémonos por tanto para obviar frases del tipo de "estos macarrones están inextricables" o "me asombra la inextricabilidad del cine español" o "Terelu en El show de Flo se mostraba inextricable".

Destaca, por su superchería, paradigmático. Paradigmático viene siendo muy utilizada durante los cursos de verano y sólo es superada en cantidad por hermenéutica, palabra que objetivamente merecería no existir, pero asumámoslo: existe. Lo paradójico de paradigmático es que recientemente ha sido considerada una de las tres palabras más verdaderas del idioma castellano (las otras, nube y asunto). Así que digamos adiós a construcciones como: "Ése es el típico pase de un extremo paradigmático" o "Si ya está frío, alcánzame el paradigma" o "Terelu en El show de Flo se portó paradigmática". También han descubierto gran cantidad de palabras sin existencia plena, hablaríamos de entre el 40% y 80% de realidad y el resto invención. Una de ellas es tributario, pero es que es tan bonita.