jueves, enero 26, 2012

Pájaros que llegan


Otro día de este extraño invierno soleado. Hoy absuelven a Camps. Pese a que todo el mundo ha podido oír las grabaciones, comprobar que mintió, que sí conocía a quien decía no conocer, que recibió regalos, seguro que se siente en su fuero interno (qué expresión), una persona honrada. El ser humano es así, nos resulta tan fácil perdonarnos como acusar a otros. Las automentiras deben ser tan necesarias para la mente como la cicatrización de las heridas para la piel.

Creo que si alguna vez fuera a juicio preferiría un juicio sin jurado. Si es malo que te juzgue un español, peor puede ser que te juzguen nueve. (Me reafirmo al leer el escrito del jurado popular. No saben ni escribir y están juzgando a otras personas)...

Pensando en lo leído sobre políticos españoles. Muchas veces son testimonios de antiguos compañeros de clase que recuerdan su sorpresa al ver que el mediocre de la clase se había convertido en líder político. Tal vez habla la envidia, pero me temo que no. Me temo que la política profesional está llena de mediocres que vieron ahí un buen lugar donde medrar, el lugar que nunca encontrarían en la empresa privada. Conozco a muy pocos políticos profesionales, y uno de ellos es uno de esos mediocres. Mejor no extrapolar…

Hoy, por Atocha, bandadas de pájaros en formación. Tal vez den por terminado el invierno y regresan de África. El día que se alarga, pájaros que regresan, pequeños consuelos que siempre nos deja la naturaleza.


Ya lo decía Fray Luis


Despiértenme las aves

con su cantar sabroso no aprendido;

no los cuidados graves

de que es siempre seguido

el que al ajeno arbitrio está atenido.

miércoles, enero 18, 2012

Lo que mi pene merece

Este es el asunto del último mail recibido:

Yoour Peinis Desveres Anohter Chance To Show Itss Sexuual Activity And Get Ssome Plesaure

No voy a decir yo que no... Al final me lo mandan unos señores que quieren venderme pastillas. Lo curioso es que el único comentario del anterior post de este escondido blog es de las farmacias de guardia de Chiclana o algo así. Vaya usted a saber por qué.


jueves, diciembre 29, 2011

¿Ardillas o cucarachas?


Hace unos meses en la biblioteca de mi pueblo se desprendieron de un buen montón de libros. El criterio no fue muy afortunado: los libros que veían viejos, aunque estuvieran bien conservados, iban para un mercadillo con precios entre uno y tres euros.

Pero en fin, me vino bien, me hice con dos de Austral de Julio Camba, con algunos de Los Hollister que tanto me gustaban de crío y que no intentaré releer… Y con uno de William Saroyan, La comedia humana, que ya tenía en una edición del Acantilado. Esta vieja es de Plaza y Janés, del 65. Y nada más abrirlo me encontré esto:

  • El niño llamado Ulises Macauley estaba un día asomado al agujero de un nuevo nido de cucarachas en el patio posterior de su casa, en la avenida de Santa Clara, de Ithaca, California. La cucaracha de este nido sacaba de él barro húmedo que iba empujando hacia fuera y vigilaba al chico, que era ciertamente un extraño, pero quizá no un enemigo.

Y esto traduce Javier Calvo en la edición del Acantilado

  • El niño llamado Ulises Macauley estaba un día delante de la nueva madriguera de ardillas de tierra del jardín de su cada de Santa Clara Avenue en Ithaca, California. La ardilla de aquella madriguera levantó un poco de tierra fresca y húmeda y se asomó para mirar al niño, que ciertamente era un desconocido pero no un enemigo.

Creo y prefiero que sea una ardilla. Lo creo porque no he visto nunca a una cucaracha que no estuviera en plena huída. Y porque no es lo mismo comenzar una novela como esta, juguetona, inocente, con una ardilla que con una cucaracha.

martes, diciembre 20, 2011

Cosas que voy apuntando


Antes recortaba artículos de los periódicos y los pegaba en folios que después anillaba. Amarillentos ya, están en la casa del pueblo, como tantas cosas que sé que no voy a usar, leer, pero no tiro. En estos tiempos de internet, al ver esos artículos que querría recordar, me digo: ya lo buscaré después en google y lo guardaré en el ordenador. Y después, me olvido. Pero hoy no.


El artículo era de Marcos Ordónez en el País, y hablaba de Francisco Casavella, del que aún no he leído nada y ya toca. Entresaco estas palabras de un libro de Casavella que recopila sus artículos.


"Hay épocas malignas en las que se expande una indiferencia tumefacta. En esas épocas, eso que llamamos románticamente 'sueños' parece disolverse con mayor facilidad en las distintas pero siempre ásperas versiones de la realidad. En cada gesto diario se descarta una fantasía de libertad, de ansia de conocimiento, de vocación, de juego. Todo se envenena. Ese es el campo de batalla de la soledad, del desprecio y de las sonrisas hipócritas. Ahí es donde uno ha elegido pelear".

domingo, octubre 09, 2011

Félix Romeo


El viernes murió Félix Romeo. No lo conocía, y tan sólo lo había visto una vez hablar en una presentación de Javier Tomeo, su amigo. Romeo le iba recordando a Tomeo fragmentos de su vida o de su obra y el otro se sorprendía. Eran un dueto cómico absurdo, como las novelas de Tomeo.

Ayer rescaté “Dibujos animados” de una estantería. Aún lleva el precio puesto. 300 pesetas.Lo compre en mi primer año en Madrid, el 99, en el SEPU, unos grandes almacenes de la Gran Vía que a veces tenían libros de saldo. Alguien me dijo que las escaleras mecánicas del SEPU habían sido las primeras de Madrid. Ayer la ministra Sinde contaba en el País que en una visita a Zaragoza Romeo los llevó a ver las primeras escaleras mecánicas de aquella ciudad. Pequeñas tontadas coincidentes.

Donde estaba el Sepu hay un Zara o algo así, porque ahora siempre hay un Zara donde antes había otras cosas.

Ayer me leí “Dibujos animados”, libro triste, más hoy, y a la vez lleno de humor, de la sección del humor triste. Recordaba todo un poco a "Lo peor de todo", de Loriga, pero me gustó más este.

"Fui a una academia para aprender mecanografía. La academia Villa Villita. Métodos audiovisuales. Te ponían un trozo de madera encima de la máquina y tenías que estar haciendo Asaf ñlkj fdsa jklñ durante toda una mañana. Era la tarea más aburrida del mundo. Allí había un abuelo de 90 años. Intentaba aprender a escribir a máquina. Lo extraño es que no sabía escribir. Era una cosa idioata Ahí estaba el abuelo haciendo ñlkj fdsa jklñ toda la mañana. Me pregunto si sabía leer. Durante un tiempo pensé que no era mal trabajo ser profesor de mecanografía. Era muy fácil.

Luego llegó una tipa que estaba loca con Cleopatra y con Egipto y las pirámides. Se compraba todo lo que tuviera que ver con las pirámides y con Cleopatra. Y hacía jeroglíficos. Su vida era un jeroglífico. Llevaba un colgante con una serpiente. Dorado, muy dorado. Quería ser secretaria. Imagino que quería ser secretaria de Tutankamón o de una momia o así. Se llamaba Olga o Anarrosa. Si le hubiera acercado un alfiler le habrían explotado los carrillos. Como si guardara allí una docena de litros de leche de burra. Quería ser secretaria para ir a Egipto. “Quiero se secretaria para ir a Egipto”, eso decía por la mañana nada más llegar. Y nadie se lo preguntaba. No se lo preguntaba el viejo que quería a prender a escribir a máquina sin saber escribir ni tampoco se lo preguntaba yo. Y allí no había nadie más. Cuatro horas al día. Éramos un buen grupo. A las academias sólo van chalados. Y yo lo estaba al seguir allí con esa panda haciendo todo el dia Asaf ñlkj y así".

jueves, mayo 05, 2011

Es domingo

Es domingo y las parejas pasean de la mano o piensan en que ya no pasean de la mano y comparten el periódico o se refugian en silencio tras el parapeto que les brinda, hoy mayor porque con el suplemento tienen para más de una hora de no decirse nada sin que parezca raro.

Es domingo y los niños, que no respetan ni a los domingos, madrugan y gritan y piden leche y se agarran desesperados a sus Nintendo para intentar sobrevivir a las comidas en el restaurante mientras sus padres y sus tíos hablan y tragan y hablan y a veces les dicen que no a esto, que no a aquello, que no a cualquier cosa que a los niños se les ocurra porque llegaremos por la negación, señores, a la excelencia.

Es domingo y el hastío y la alegría se mezclan en los parques, y acuden a la cabeza los deberes incumplidos, el deporte no practicado, los cuadros que no se colgaron y las llamadas que no se hicieron y lo que es peor, las que no se recibieron y acuden para que no olvidemos que el lunes no acabará con todo aquello sino que lo hará más fuerte y regresará otro domingo en el que nos sentiremos aún más culpables.

Es domingo y los solitarios huyen avergonzados de los cines y se consuelan al ver a otros como ellos pero apenas se miran y nunca se dicen nada porque esas cosas no, no las hacen los solitarios y siguen sus inextricables senderos que sólo es posible encontrar si caminas con la cabeza gacha.

Es domingo y en las estaciones de trenes y autobuses se produce un incremento notable de despedidas y encuentros y abrazos y llantos y prisas y la gente desaparece despacio en escaleras mecánicas, tan despacio que da tiempo a sentir una pena inmensa o un inmenso alivio.

Es domingo y a algunos les gusta sentirse tristes y sentirse víctimas aunque a veces sean víctima y culpable.

Es domingo y el tiempo se alarga como un chicle rancio que no se escupe porque lo que sigue se llama lunes y puede ser más amargo.

Es domingo y los parados, que se sentían camuflados entre los que trabajan y podían pasear sin vergüenza por las calles, saben que el lunes hará de nuevo demasiado evidente su desesperanza.

Es domingo y los cuñados se soportan como pueden y la suegra aguanta o la aguantan y los desplantes crecen en la tierra fecunda que es la memoria de los agravios familiares, y perdón por la frase.

Es domingo y el cura, que preparó un buen sermón, mira desconsolado a las cuatro abuelillas que no van a entender nada más allá de nada y de lo que la batería de sus audífonos les permita y el mendigo de la puerta ensaya caras de dar pena para su momento estelar, cuando acabe la misa y todo el jornal se decida en un instante.

Sí, es domingo. El día grande de las tiendas de golosinas, de los chaperos de Sol, de los patos del Retiro y de las palomas sucias de las plazas, de las farmacias de guardia, de las visitas fugaces a las residencias de ancianos, de los voluntarios del teléfono de la esperanza y de la desesperanza, de los pederastas que acechan en los parques, del sofá, manta y polvo perezoso, de los padres que han comprado un test de drogas, de los ecuatorianos que se doblan a cervezas de lata por las calles, de los que ya no se quieren, de los que se quieren demasiado si es que eso es posible, de los que rellenan atestados de tráfico, de las webs de contactos, de carrusel deportivo y todos esos programas donde unos cuantos imbéciles hacen chistes malos, muy malos y cantan y gritan como si las palabras, sus palabras, mis palabras, pudieran esconder el vacío, pudieran ocultar que la vida es domingo.

Pd: la verdad es que es jueves… Me gustan los jueves.