martes, septiembre 08, 2020

Miguel Bosé, el 5G y un abuelo de mi pueblo

 


Ya de niño comencé a pensar que los años no hacen al hombre más sabio, sino más viejo, y normalmente más gordo y con menos pelo. Desarrollé aquella teoría tan pronto porque a veces, mientras jugábamos por el barrio, escuchaba la tertulia callejera de unos ancianos. En ella destacaba un abuelo que llevaba boina y garrota y fumaba Ideales, que encendía con un mechero de yesca. Aquel anciano, antes del resurgimiento de los terraplanistas, era ya algo parecido, un “terrainmovilista”. Era terrainmovilista porque, según él, cuando iba a su viña siempre la encontraba en el mismo sitio, por lo que la Tierra no se movía. Que hubiera días y noches no debía darle muchas pistas o tal vez la pista de que allí los únicos que se movían eran el sol, la luna, las estrellas, las galaxias… Pero nunca sus cepas. Viñacentrismo puro. Tampoco creía que el hombre hubiera llegado a la luna, lo que en parte era comprensible, porque siendo el de Albacete no había llegado ni a Alicante.

Comencé por entonces a creer que la edad no va asociada a la sabiduría y sigo pensando así, sobre todo porque llevo tiempo conviviendo conmigo mismo y lo puedo comprobar cada día. 

Últimamente mi teoría se ha visto reforzada con los comentarios de varios personajes populares, ya talluditos, acerca del COVID, las mascarillas y el 5G. Miguel Bosé Papito debe andar por los sesenta y tantos, Enrique Bumbury está entre dos tierras y los cincuenta y algo y Ouka Lele, que propone curar el COVID con amor y  abrazos, como Jesucristo curaba a los leprosos, rondará los sesenta años y el ingreso en una institución psiquiatrica.

Hay a quien le ha chocado que estos comentarios vengan de gente con cierta fama, pero es porque olvidan que la fama no hace a nadie más sabio. Sólo más famoso, a veces más lerdo y normalmente con gafas de sol y sombreros más grandes de lo necesario.

Pero, pese a ser consciente de que ni fama ni edad ayudan a la salud mental, me descorazona ver que humanos ya crecidos clamen contra sesudos planes como el de esos chips que nos van a implantar mediante las vacunas para controlarnos. O que defiendan que las mascarillas causan falta de riego en el cerebro. Creo que la falta de riego en sus cerebros era previa al uso de la mascarilla. Pero a mí también me parece mal lo de controlarnos por 5G, pero en mi caso porque será un control discriminatorio. Estoy seguro que esa tecnología tardará años en llegar a mi pueblo, como tardó la fibra óptica, y nos pasaremos algún lustro descontrolados del todo.

Como se ve a los  antivacunas y negacionistas no les falta creatividad en sus teorías, pero sí en sus cánticos. Contrasta que sean capaces de crear algo tan inventivo como la “plandemia 5G-vacunas” pero sus lemas sean “Illa, Illa, fuera la mascarilla”, “El amor es la mejor mascarilla” o ““Fuera bozales, no somos animales”. Todo da un poco de vergüencita ajena, lo que sucede casi siempre que varios humanos se reúnen para gritar algo. Vergüenza ajena o Fremdscham, palabro que crearon los alemanes por pura necesidad cuando se extendió en su país el uso del peinado "mullet". 

Normalmente aquellos que más temen que les inserten un chip (un “chis” en la provincia de Murcia) son quienes más necesitan que les inserten algo. Pero no creo que un simple chip sirva. Algunos, como el rector de la Universidad Católica de Murcia, precisarían la inserción un buen procesador de abundantísimos núcleos. A ese hombre yo no le pondría nada por debajo de un Intel Core I9, aunque si hubiera algún procesador cuántico en el mercado mejor que mejor.

Miguel Bosé también necesitaría un buen “chis”, o tal vez un amigo que le diga algo. Aún así, no comprendo el enfado y la sorpresa ante lo de Bosé, porque el hombre nos venía diciendo cosas muy raras desde hace años. Por ejemplo cuando cantó “Como una intrépida libélula /ante el espejo toda incrédula/ pone un reparo a su extrafécula: /¿yo me la como o no?”.

Visto su estado actual está claro que se comió algo más que la libélula, aunque no sabemos qué. Hay que decir que el propio Miguel ya vio venir lo suyo cuando cantaba: “Miénteme y di que no estoy loco/ Miénteme y di que solo un poco /Quien teme, quien teme di, si yo me pierdo”.

Yo no temo mucho que se pierda Miguel, pero tal vez sus millones de seguidores sí, y también los fabricantes de sombras para los ojos, se llame como se llame el producto que pinta sombras en los ojos. En fin, no pongamos el grito en el cielo, que es ponerlo muy alto. No deberíamos estar tan sorprendidos cuando Miguel se pasó años cantando  “Te diré/ Que miento cada vez que quiero hablar/ Que no hay nada en el mundo que me dé/ Más vértigo que tú/ Más miedo que pensar”.

Ahora, tras lo que le ha pasado por sus últimos "pensamientos" sobre el chis, Guaidó y el 5G, se comprenden mejor sus palabras. Como diría un conspiparanoico,“todo encaja”, y si se examinan las letras de las canciones de Miguel se encuentra una predicción de su propio futuro, algo así como si él fuera un Nostradamus de sí mismo, pero en zapatillas de estar por casa. (Bueno, esto no es así, pero al escribir artículos sobre conspiraciones terminas por crear las tuyas).

Aún así, sabiendo como sé que ni fama ni edad hacen mejor al ser humano, me pregunto: ¿por qué gente con el bachillerato terminado cree en teorías locas como las del chip 5G en las vacunas?  ¿Por qué ven tras el virus la mano negra de la CIA, Soros, Bill Gates, Pedro Sánchez, combo tremendo del mal? ¿Por qué la mano negra es negra? ¿Por qué hay antimascarillas que se llaman a sí mismos “la resistencia”?  Hace setenta años la resistencia la formaban grupos de antifascistas franceses que se jugaban la vida frente a los nazis. Ahora esta nueva autoproclamada resistencia es una mezcla extraña que une a antivacunas, bebedores de lejía, Oukas Leles y Bumburys de la vida, ultraizquierda y ultraderecha. Y en su batalla se arriesgan, como mucho, a una multa de un municipal o a que les cierren el Twitter, grandes dramas de la vida moderna.

Pues bien, me pregunto el porqué de estas teorías y hasta me respondo, porque  me suelo hacer mucho caso. La humanidad ha inventado el retrete japonés con chorros de agua caliente, ha creado el polo Drácula y la estación espacial, el robot Roomba, el pelador de patatas y las autovías. Ha creado un mundo casi siempre ordenado, en el que los trenes  son más o menos puntuales, suele haber cobertura y te puedes cocinar cualquier cosa en cinco minutos de microondas.

Y en un mundo así nos cuesta creer que algo tan aleatorio como el encuentro desafortunado de un pangolín, un murciélago y un chino pueda causar tanto mal. Todos queremos vivir en un mundo estable, sin grandes sorpresas, sin caos, en el que el azar no tenga mucho peso. Y por ello hay quien ha elegido creer que tras lo que ahora vivimos no está la mala suerte, lo aleatorio, sino fuerzas oscuras de una gran eficacia. Queremos razones que expliquen la pandemia y si no las encontramos las inventamos, como siempre hemos inventado dioses, leyendas y culpables.

Y lo mismo le pasaba al anciano viñacentrista de mi barrio. Quería un mundo tranquilo, en el que sus cepas estuvieran siempre en el mismo sitio, un mundo que él pudiera comprender, que no le asustara. Y decidió ignorar. Porque la ignorancia no es sino una coraza ante el miedo. El problema es que este virus es inmune a esa coraza.

miércoles, noviembre 06, 2019

Me han escrito unos señoros



Me han escrito unos señoros. Yo no los conocía pero ellos a mí sí, o me quieren desde el desconocimiento, porque me llaman “querido” nada más comenzar su carta.

Es cierto que es más fácil quererme sin conocerme y que de conocerme igual ya no me querían. Aparte de querido me llaman compatriota. Querido compatriota. Me habían llamado antes cosas, pero querido compatriota, así, junto, nunca. Ni siquiera querido camarada. Ya nadie escribe “querido”, ni mis tíos en sus cartas, porque ya no hay cartas y apenas tíos.

Los señoros que me han escrito juegan fuerte. Ya en la primera línea me dicen que “si lees esta carta es porque amas a tu Nación”. Dudo si continuar porque si ya con la primera línea amo a mi nación no sé qué puedo terminar amando cuando llegue a la última frase.

La carta me hace ver que yo últimamente no estaba muy bien informado. Gracias a ella descubro que “España atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia”, cuando yo siempre creí que España sólo sabía vivir en un eterno momento crítico. Por lo visto “el separatismo y la izquierda marxista quiere acabar con la unidad de nuestro país”. Los señoros de la carta escriben “país” con minúscula, pero “Nación” con mayúscula. Sorprendentemente “Estado” con mayúscula y “Autonomía” también. No termino de captar el manejo de las mayúsculas en esta gente, pero hay muchas cosas en ellos que no comprendo.

Me cuentan en la carta que hay un golpe de estado en marcha, pero un golpe de estado como muy español, porque acabo de ver que la carta me la enviaron para la elecciones de abril y la abro ahora, creyendo que ya había llegado la propaganda electoral para noviembre. Es pues un golpe de estado pachorro, muy español, un golpe de estado working progress.

Pero no es esa la única amenaza que nos acecha. Por lo visto “las élites globalistas”, entre gin tonic y tostada de aguacate, alientan cosas. Cosas globalistas. “Alientan la inmigración ilegal”. Por si fuera poco parece ser que mientras tanto el “feminismo supremacista” va por ahí, desatado, “atentando contra la igualdad”. Unos alientan, otros atentan, los enemigos de España están muy ocupados. Y aún hay más: también se está atacando al mundo rural. No dicen quién, supongo que una unión letal de elites globalistas, feministas supremacistas y marxistas, que cuando no alientan cosas se dedican al exterminio del campo. Y yo, que soy de pueblo, aún no me había percatado de esta destrucción, pero igual es que cuando voy por allí salgo poco y cuando salgo las cervezas son muy baratas.

Llego a la mitad de la carta y me dicen: “si sigues leyendo esta carta es porque crees en la España Viva”. Por ahora he aceptado amar a mi patria, pero me detengo, si continúo habré de creer en esa España viva que no sé en qué consiste, y eso ya me pasó con el Espíritu Santo y acabó mal. Pero me arriesgo y sigo y salto a otro párrafo,  amando a mi Nación y creyendo en la España Viva. Me gustan las cosas vivas, menos los chipirones, que los prefiero plancha y las Españas siempre vivas, por favor. Y entonces, en una línea contundente, me explican cuál es la España viva: la que madruga. Acabáramos. Hago una bola con la carta y la tiro a la papelera. Prefiero de lejos la elite globalista marxista feminista radical antirural, que de seguro se despierta cuando le viene en gana, antes que a un mamandurrio a caballo o a una monacal estreñida que pretenden que madrugue.

martes, diciembre 26, 2017

Propósitos de año viejo

Mi propósito de año viejo será escribir cada día de aquí al final del año. Hoy no han pasado muchas cosas. He perdido las gafas de leer (ahora tengo gafas de leer). Le he pedido a mi hermano, que estaba fuera, que me trajera unas nuevas. Me las han comprado. Al poco he  encontrado las gafas perdidas. Mi vida es esto. 

He ido a un hospital. Me han hecho unas radiografías de las manos. Mi postura para que las manos estuvieran en la posición correcta era una inclinación algo humillante, con los brazos extendidos sobre una plataforma y el culo en pompa, como reverenciando a la máquina de todas las radiografías. 


Paro en un bar de carretera. Oscuro, ruidoso, algo frío, feo. Miro el móvil. Google me dice esto: 





No hago caso ni fotos. En el bar  tienen "La Tribuna" y "La Razón". En Albacete venden los dos periódicos juntos por el precio de uno. El periódico ya casi sólo lo compran en los bares. Y al final parte de la gente que frecuenta los bares de Albacete terminará viviendo en ese mundo paralelo de La Razón. En los periódicos de provincias abundan los articulistas que escriben obviedades con frases hechas, que son las mejores para las obviedades. Algunos escriben con   prosas ramplonas aunque otros  se ponen estupendos y floridos. Me los imagino recortando sus artículos del periódico para guardarlos en carpetas color azulete. Era lo que yo hacía cuando escribía, también con frases hechas, en la prensa provincial. Pero de vez en cuando encuentras en esos periódicos a algunos articulistas brillantes a los que ya sólo leerán unos cientos de personas.

Pero no sólo en la prensa provincial hay gente con poco que decir o muy errada. En el coche, de camino a casa, pongo la radio, una de las emisoras nacionales más importantes. El locutor presenta  a dos de los mejores cronistas de la España de hoy en día. Alguien comenta lo enganchada que está la gente a los teléfonos móviles. Uno de los mejores cronistas de la España de hoy en día dice que eso es pasajero, la novedad. Que no hay que alarmarse, que cuando llegó la luz eléctrica sucedió lo mismo. Nadie le discute la brillante intervención. Y me imagino a los españoles de  hace cien años buscando sin parar interruptores para apagarlos y encenderlos nada más levantarse, también antes de acostarse, me los imagino con problemas de ansiedad por salir a la calle sin luz eléctrica en los bolsillos, me los imagino llegando a las casas de los amigos y pidiéndoles que les muestren su luz eléctrica, porque la necesitan. 


Leo en La Razón que han destapado una trama que infló la taquilla de una pelicula para  cobrar subvenciones. Están implicados un director y tres cines, uno de ellos el "Pequeño Cine Estudio", a donde iba hace años. Su dueña se llama "Teresita del Niño Jesús Perales de la Cal".


Me he traído al pueblo para estas navidades  más libros de los que leeré, como siempre. Hoy ando con "En la soledad de los campos de algodón".


"Pero cuanto más correcto es un vendedor, más perverso es el comprador; todo vendedor procura satisfacer un deseo que todavía desconoce, mientras que el comprador siempre somete su deseo a la satisfacción primera de poder rechazar lo que se le ofrece, así su deseo inconfesado es exaltado por el rechazo, y olvida su deseo en el placer que experimenta humillando al vendedor."

jueves, julio 02, 2015

To Malasia


Viajamos a Malasia. Ya están los billetes, las primeras noches de hotel. No sé nada de Malasia. Descubrí que era la tierra del Sandokan,  el tigre de Malasia, al que veíamos de niños en la Segunda cadena. O igual no lo veíamos y lo imaginábamos, porque la Segunda tardó mucho en llegar al pueblo, y llegó ya vieja, llamándose UHF. Después a la UHF le pusieron la Segunda, después la Dos, después es donde vive Jordi Hurtado.

Yo sólo podía ver la Segunda en los veranos de Valencia. Y cuando regresábamos a septiembre y al pueblo seguía imaginándome series enteras que había dejado a medio en la playa. Por ejemplo, me imaginé casi toda Pipi Calzaslargas y gran parte de la Pantera Rosa. Había un mundo mejor en el que estaban ellas y mis primos de Valencia no eran conscientes de lo que tenían.

En la casa del pueblo teníamos una tele Philips en color con la que no poder ver la Dos. Nos la había traído un emigrante del pueblo que trabajaba en Holanda y según mi padre era una de las pocas teles en color del pueblo. Había otra en el bar Central y otra en el bar de las escaleras. Y la nuestra. Las tres llegadas de Holanda, país mítico donde nacían las teles y las bombillas y los holandeses, aunque igual ellos también venían de París, que era de donde veníamos por entonces todos los de Albacete. Y por eso estudiábamos en el colegio francés en lugar de inglés, la voiture de notre papa ne marche pas.
Supongo que le repetiría a mis amigos con tele en blanco y negro que la mía era en color, y que sólo había dos más en el pueblo. También supongo que nos duró  poco esa supremacía y que puede que me doliera.

La tele, aunque eran los finales de los  setenta, tenía ya mando a distancia, gordo como un ladrillo, y eso último no es una hipérbole. Pero mi padre no podía cambiar porque sólo se veía un canal. Después llegó la Segunda y compró pilas y pudo cambiar y era increíble el frenético zapping que llegaba a desarrollar con sólo dos canales. La palabra zapping no existía, como no existían muchas palabras, como no existían tantas cosas. Me gusta una canción de Antonia Font que habla de palabras. Perdón por la digresión.

Luego, un día, se rompió el mando y mi padre lo vendó con esparadrapo pero no curaba y nadie lo lamentó, salvo él. Le preguntó al hombre de Holanda si podía traer un mando nuevo pero nunca lo trajo y nosotros respiramos aliviados durante unos años, que es como respira la gente en las frases hechas.

Y ahora vamos a Malasia, la tierra del tigre de Sandokan. De niños cantábamos: “Sandokán, Sandokán, tiene el culo como un volcán”. De niño te hacen gracia estas rimas, poeta, súbete la bragueta. Ahora recuerdo a Sandokán, tan aguerrido y fiero, tan malasio él, con su rimel, y  de pronto me vuelve a hacer gracia la posibilidad de que tuviera el culo como un volcán, porque eso podría explicar muchas cosas o ninguna.


En el aeropuerto de Barajas, T4, esperando el tren  interno que nos llevará a la zona R. Por megafonía alguien que no confía mucho o nada en la inteligencia de los que esperan avisa:

-Por favor, no entren todos en el mismo vagón. Distribúyanse en los tres. Y nos distribuimos.

viernes, marzo 27, 2015

Era un hereje

Leo a Jiménez Losantos escribiendo sobre el mal. No se puede decir que hable con desconocimiento de causa.

A Ferlosio hablando de la españolez:
"La ostentación de la españolez provoca náuseas allí donde la reconozco. ¿Cómo odiar  España así, en abstracto? Odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío."

Hoy en Albacete, en el taller, un hombre hablando de otro, ya fallecido: 
-¿Ese? Ese era un hereje. Qué tío más malo.

Más tarde en una terraza, habla un profesor de filosofía:
-Les he dicho a mis alumnos que eran unos ignorantes cognitivos.
Otro profesor de filosofía le ha preguntado si creía que sus alumnos lo habían comprendido. 
-Pueden comprender las dos palabras por separado. Pero creo que no juntas. 

jueves, marzo 26, 2015

Enésimo chiste sobre gallegos


Leo en Jot Down una anécdota más sobre los gallegos. Alguien le pregunta a una anciana si por allí pasa un determinado autobús.


-Ayer pasó – responde la escéptica anciana.

miércoles, enero 14, 2015

Sinfustadas semanales



Nick Hornby en “Shakespeare wrote for money”, un libro en el que repasa sus lecturas entre el 2007 y el 2008. Hablando de “The road”, de Cormac McCarthy, una novela con la que lo pasó muy mal: 
Supervivientes del apocalipsis, un hombre y su hijo, vagan a través de grises tierras yermas buscando comida. El hombre pasa gran parte del libro dudando si debería disparar a su hijo con la última bala que le queda, y así librarlo de posteriores penurias… ( )  A veces te encuentras rogando que el hombre use esa última bala contigo antes que con su hijo. 
Eso sí, al final el libro le gustó. A mí me sucedió lo mismo. Pero sí, se pasa mal.


Los que hacen chistes sobre cuñados olvidan que ellos, para sus cuñados, también son unos cuñados. (No sé si me explico)

Al renovar el D.N.I. me ha dicho el funcionario que es la sexta vez que lo pierdo. Que ha cambiado la ley y la próxima vez tendré que pagar una multa que va de los 300 a los 2.000 euros. Así que me he hecho el D.N.I pero a partir de ahora no puedo llevarlo encima porque si lo llevo, lo perderé. Eso es así. Si te pillan sin D.N.I te expones a ser llevado a una comisaría para que te identifiquen, pero por ahí ya pasé  en Toledo cuando llevaba barba y existía la E.T.A. y conocí a un comisario muy simpático al que le gustaban más los Hombres de Paco que el Comisario. Me dijo que no podía ir así por la vida pero claro está que no le hice mucho caso.

Decía Pessoa que para leer muchos libros, comprar pocos. Pero no termino de aplicarme al cuento.

Oreste Rotundo es el nombre de uno de los actores de Caro Diario. A algunos nombres dan ganas de escribirles un cuento o un algo.

Veo en “Equipo de Investigación”, de Antena 3 a un santero que va a hacer una ceremonia con una gallina. El santero le habla a la gallina educadamente, la trata de usted, pero poco después le corta el cuello y le saca las vísceras. (Anotación: desconfiar de la gente demasiado educada con los gallinaceos y tal vez  también de los muy amables con los humanos)

Yo pensaba que la palabra “pedazo” como adjetivo era más cosa de conversaciones tipo Chiquito de la Calzada, pero no, antes le podías escribir una carta a un rey y usarla. Eso era monarquía campechana:
Yo estuve en la casa de Bosu en Flandes medio día y yo prometo a Vuestra Magestad que es un pedaço de edificio mejor labrado y tratado que yo acaa ni alla hasta agora he visto”.
Carta del maestro de obra Gaspar de Vega  a Felipe II el 16 de mayo de 1556, leído en Jot Down.

-Camarera: ¿Qué le pongo? 

-Abuelillo: Nervioso

Oído en un bar. Si se prohíbe el piropo, ¿esto lo sería? 


De la importancia de la limpieza en las relaciones de pareja: 

-Marianne: ¿Quieres a Anna? 
-Johan: La eterna pregunta femenina. Creo que es amable, inteligente, agradable, limpia, bien educada, presentable y atractiva sexualmente. Me gusta desayunar con ella. 

"Escenas de un matrimonio", Ingmar Bergman. 


Muy fan de lo de "presentable" y "me gusta desayunar con ella". 

-Robert: ¿Cómo es él?
-Francesca: Muy limpio. 

Los puentes de Madison. 

El no ser del pequeño Nicolás

 



El pequeño Nicolás no es pequeño, y ni siquiera es Nicolás, sino Fran. Según el pequeño Nicolás él es del C.N.I, pero según el C.N.I. el pequeño Nicolás no es suyo. ¿De quién es y qué es entonces el pequeño Nicolás?

“Una mente privilegiada, un superdotado” leemos que confiesa en la Wikipedia “una amistad cercana”. La fuente no está identificada pero sabemos que su abuela vive y todo español poseyó una mente privilegiada mientras vivió su abuela. Después la vida nos diluye en lo que somos, mentes de andar por casa o por España.


El pequeño Nicolás vive sin vivir en él, se dedica a ser lo que no es y por lo tanto parece lógico que lo hayan acusado de usurpación de identidad. Él es su primera víctima, porque ha usurpado su propia identidad, y se le ha quitado a Fran, un chaval redicho del barrio de la Prospe, para dársela a Nicolás, el charlie del C.N.I con chalet en el Viso y empresario sesteante en el sofás.


La jueza dice que no comprende que el pequeño Nicolás haya engañado a tanta gente con su palabrería. Lo que no se comprende es que una jueza no conozca el país en el que juzga, un país en el que se suele gobernar engañando con palabrería.


El pequeño Nicolás, como buen espía del C.N.I. que no es ha sufrido torturas pero – no podía ser de otra forma – ni sus torturas son torturas. Porque si aceptamos cuatro horas sin ir al baño como tortura, un millón de españoles ha sido torturado con Interstellar y en su tiempo muchos más lo fueron con Ben-Hur y mientras Amnistía Internacional mira hacia otro lado.


El pequeño Nicolás, en su no ser, no es ahijado de Aznar, ni sobrino de Arturo Fernández, ni el hijo que nunca tuvieron el rey y Javier de la Rosa. Probablemente el filipino que le vigilaba su chalet que no era suyo no era filipino, sino una imitación china y por último, tampoco su papada le pertenece sino que se la ha debido usurpar a algún señor de Soria entradito en carnes que cuenta chistes verdes en las cenas.


El pequeño Nicolás será para nuestra generación lo que fue Joselito el niño cantor para la de nuestros padres. Pasarán los años, perderá la gracia si la tuvo, irá a la Isla de los famosos y así seguirá junto a nosotros, siendo lo que no es: un señor llamado el pequeño Nicolás.